Desde Pitalito, el corazón de la caficultura en Colombia, niñas y niños aprenden los secretos de la preparación de un buen café, y cómo venderlo dentro y fuera del país.
Hablan con absoluta seguridad de sabores, del aroma, de cómo se cultiva, de cómo presentar mejor el café: así son los niños y adolescentes que hacen parte de un grupo excepcional que lidera Salomón Artunduaga, un caficultor del departamento del Huila.
El proceso que se desarrolla desde el municipio de Pitalito, el principal municipio productor de café en el corazón del llamado “nuevo Eje Cafetero” del sur del país (junto a Cauca y Nariño), se está convirtiendo en un modelo de trabajo que ya se replica en el Huila para atender dos frentes simultáneos de desarrollo de la industria: cómo ampliar las fronteras de un mercado cada vez más competido, y cómo hacer frente al abandono del campo por parte de las nuevas generaciones.
“Este es un proyecto bandera para la región y el país: hablamos de relevo generacional en la caficultura”, explica Artunduaga. Y agrega que se les enseñan a niñas y niños todos los secretos del café.
Solo en Bruselas, el centro poblado rural más grande de Colombia, hay 32 niñas y niños, y en Chillurco 28 más, en una cifra que ha aumentado de manera optimista a otras regiones. Y eso es solo en el municipio de Pitalito.
Hasta hace poco, la mayoría de los caficultores se limitaba a cultivar y vender el grano, como aún ocurre en muchos de los campos colombianos. Ese panorama está cambiando rápidamente en algunas regiones.





